Yoli Cáceres, por siempre en el recuerdo

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Updated: diciembre 29, 2020

Se aventuró hace unas dos décadas en un mundo que era casi exclusivo de los hombres: el fútbol.

Si bien desde lo deportivo su esposo Oscar Brítez impulsaba la actividad, su pertenencia a una fuerza de seguridad le impedía formar parte de instituciones del medio, eso quizá fue la primera puerta que se abrió para que Yoli ingresara en un ámbito en el que se consolidó, se sintió cómoda y reconocida, tanto, que le pusieron su nombre a un Certamen de fútbol femenino a fines de 2017.

Tuvo cinco hijos: César de 34, Miriam de 33, Loly de 25, Martín 15 y José 14 que le dieron hasta el momento en que se escribió esta nota (año 2018) cuatro nietos: Lucre de 10, Ciro 3 recién cumplidos, Isabel 2, y Cayetina de 4 meses.

A su accionar cotidiano en el deporte le sumó la presencia continua en su negocio, El Trébol de la Suerte, donde realizamos esta entrevista.

“Era un mundo distinto al de hoy, me tocó asumir esta responsabilidad, quizá porque ningún otro la quiso asumir, en momentos en que nos afiliábamos a la Liga de Fútbol Sur, algo muy importante que demandaba asistir a las reuniones, Asambleas, etc”, comienza a contar Yoli entre mate y mate que ceba un marido que la mira embelesado cuando habla, con mucha admiración pero por sobre todo, infinito amor.

“Era difícil por el hecho de ser mujer, en una reunión en Río Gallegos me miraban con desconfianza, me hacían preguntas sobre el significado de la doble amarilla, si era expulsado un jugador, cosas realmente tontas, como si me tomaran examen.

Yo no entraba recién al mundo futbolero, yo crecí con mi papá en la cancha, sabía responder, quizá no tenía aprendido el Reglamento completo, pero como me dijo Mauricio Cherbukov un día, me llevaba el Reglamento hasta cuando iba al baño para leerlo y aprenderlo”

Además de Mauricio recibió el apoyo y las felicitaciones por hacerse cargo del club por parte de Pablo Perea, por aquel entonces titular de la Liga.

“Yo creo que llevo adelante esta tarea con responsabilidad ante el club y la sociedad, aunque me parece que ha llegado el momento de convocar nuevamente a Asamblea y ver si se postulan otros, se pierde vida institucional y parece un proyecto familiar y no es la idea, cuesta que se sumen a trabajar, hay que hacerlo de manera responsable, a pulmón y gratis”, acota.

No es tarea fácil llevar a la par la vida familiar, comercial y deportiva, sobre todo cuando como al cierre de esta nota, en que la primera estaba participando del Torneo Federal C con viajes y recepción de delegaciones.

“Trato de organizarme y delegar, tuvimos tres equipos de visita como locales, trabajamos en la Fiesta del Lago, dejo mi casa, el local, y me dedico al club, cuando una quiere y tiene la responsabilidad se avanza”.

  • ¿Cambiaron las cosas desde tus inicios en la vida deportiva de El Calafate?

“Hoy veo que las mujeres han ganado más espacios en el fútbol y los hombres han tenido que aceptarnos y comprender que entendemos de este deporte, ya hay cuatro delegadas, aunque todavía existan vestigios machistas los hechos son contundentes, vamos a las reuniones, estamos en la cancha, y de los errores siempre se aprende”.

  • ¿Cuáles son los principales problemas que percibís en tu institución desde tu mirada de mujer?

“La falta de responsabilidad, si tengo un cumpleaños o una reunión de amigos no voy a entrenar o a trabajar por el club, total alguien lo hará, la falta de respeto hacia los mayores, la cultura del esfuerzo, la falta de ganas para estar”.

  • Que diferencias notas de tus inicios a la actualidad?

“Hoy para mis jugadores soy uno más de ellos, no se fijan si soy mujer o no, soy la Yoli, hoy puedo hablar libremente con cada uno, antes era más difícil porque me veían como mujer, ¡cómo les iba a decir algo! No le di importancia al prejuicio, siempre seguí adelante, y así tenemos que seguir”.

  • ¿Para qué?

“Para trabajar por los niños que pasan mucho tiempo en la calle, mi rol es juntarlos en la vida social, en la calle esta la bebida y la droga, necesitamos más mujeres integradas para defender nuestro futuro, cuidar a los que necesitan ayuda.

Quizá el hombre está más preocupado por jugar, ganar y vamos andando, si perdés también lo ven mal, y no todo es ganar, hay que saber perder y aprender de esas derrotas, pero estamos para otras cosas como institución.

Tenemos que integrarlos, no solo es competir, es contener a los chicos, yo los veo con 12 o 13 años escondidos fumando, hay que cuidarlos, aunque muchos chicos se me fueron por tratar de ponerle límites que en la casa no tienen, los veo hoy con 14, 15 años y me dan mucha pena”, concluye.

Recuerdo de Carta Abierta.