Historico. Hizo cumbre en el Fitz Roy escalando solo y sin equipo

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Updated: abril 4, 2019

Jim Reynolds, tiene 25 años, es escalador y rescatista y acaba de realizar la hazaña más impactante del año: subió solo con la ayuda de sus pies y sus manos, sin cuerdas, ni clavos, los últimos 1500 metros hasta llegar a la cima del cerro Fitz Roy, escalando las paredes verticales de granito color caramelo. Pero no fue todo: al llegar a la cima descendió del mismo modo y por la misma ruta, sin cuerdas, sin artilugios, marcando un hito sin parangón en la historia de la escalada.

La épica hazaña del escalador estadounidense la realizó el 21 de marzo pasado en la vía conocida como Afanassieff en la pared noroeste del Fitz Roy de 3.405 metros. Reynolds subió y bajó, solo y sin equipo, lo cual lo hace más arriesgado. Hasta ahora los descensos en este tipo de escalada suele ser a rapel, es decir con la ayuda de una cuerda. El lo hizo usando solo sus zapatos de escalada, magnesio en las manos y su enorme habilidad.El Cerro Fitz Roy visto desde el norte, mostrando la linea de la vía Afanassieff en el pilar noroeste, que Jim Reynolds ascendió y descendió en “free-solo”, sin utilizar ni cuerda ni ningún otro equipo de escalada. Foto: Rolando Garibotti.

Reynolds, quien trabaja como rescatista en el Parque Nacional Yosemite, en EE.UU, pasó tres meses en El Chaltén, forjando amigos, estudiando sus posibles escaladas y también sumándose a los rescates de escaladores que este año dejó como saldo cuatro muertes en el cordón montañoso. Antes de los 1500 metros en solitario del Fitz Roy, el joven escaló con la misma técnica dos rutas más sobre las agujas Rafael Juárez y Saint Exupery.

“Incluso soleando no se hace solo. Gran agradecimiento a todas las personas que han sido parte de mi viaje, recientemente y a lo largo de los años. Gran amor por las comunidades de El Chalten, Yosemite, Obispo y Trinidad”, posteó en su perfil de Facebook el escalador días después de la proeza de montaña.

Reynolds trabaja en el mismo Parque Nacional donde el famoso escalador Alex Honnold ascendió sin cuerdas el acantilado vertical El Capitán, que tiene 1 km de ascenso vertical. La hazaña quedó registrada en Free Solo, que ganó un Oscar este año en la categoría de Mejor Documental. La hazaña de Honnold, considerada la más grande en la historia de la escalada en solitario libre requirió años de preparación y puso en escena una actividad desconocida fuera de ámbito del montañismo.

Lo que hizo Reynolds con su ascenso en solitario, le sumó la complejidad de bajar del mismo modo por la misma ruta sin ayuda. “Lo que hizo es muy novedoso, que no tiene precedentes. Sin dudas es una provocación ética deportiva que intenta generar una discusión en el mundo de la escalada”, reflexiona ante LA NACION, el escalador argentino de clase mundial Rolo Garibotti, autor de la guía de escaladas Patagonia Vertical, Macizo del Chaltén, donde reúne la información que recolectó junto a Dörte Pietron.

Justamente fotos de esas páginas llevó Reynolds en su iPhone que lo acompañó para escalar en el periplo que se extendió durante 15.25 horas. En el ascenso la pantalla se rompió así que tuvo que apelar a su memoria y a las marcas con tiza que fue dejando para ayudarse en el descenso. Con Garibotti se conocieron el día después del descenso. “Es una buena persona, un chico balanceado e inteligente, no es un loco. Tiene una mirada filosófica sobre la ascensión, una mirada romántica que incluye un gran nivel de riesgo”, detalla Garibotti que conoce el macizo de los cerros Fitz Roy y Torre como pocos.

 

Jim Reynolds en el inicio del sendero, justo antes de iniciar su ascensión del Cerro Fitz Roy. Foto: Tad McCrea.

Reynolds quien ya partió de El Chaltén define su pasión por la escalada como un arte: “Para mí, mi arte (en cuanto a muchos escaladores) es la combinación de nuestra humanidad con el esplendor de la naturaleza cruda. No creo que la escalada tenga que ser egoísta. Es para llenar mi taza de alegría tan llena que se desborda en el resto del mundo. Es una manera de reunir la positividad de las montañas y traer de vuelta para compartir entre la gente”.

Según relató en una entrevista dada a la página Alpine Mag, esta fue su primera expedición a la Patagonia y no llegó con la intención de hacer las escaladas en solitario, pero pasadas una semanas aquí se decidió con intentar un estilo que ya había probado en Yosemite. Escaló primero la aguja Rafael Juárez y luego la Saint Exupery. Luego hizo el primer intento a la ruta Afanassieff del Fitz Roy, pero al completar un terció se sintió cansado y decidió bajar. “En este tipo de escalada es muy importante las sensaciones, no tener dudas” apunta Garibotti, quien tras el logro compartió varias horas de charlas con Reynolds.

El día que finalmente ascendió por la Afanassieff, el joven escalador armó su vivac en la montaña, en el inicio de la vía de escalada, ubicado en una terraza de piedra a 1.900 metros de altura. Allí dejó su equipo esa mañana donde se lanzó a la aventura a las 9 de la mañana, sin equipo, con una bolsita de magnesio para las manos, un litro y medio de agua, unas barritas de cereales y una enorme confianza en sí mismo.

“Fue bastante increíble, realmente surrealista, estar solo en la cima de Fitz Roy”, dice Reynolds, en declaraciones a National Geographic, medio que dio en exclusivo el relato de su epopeya. “Pero sabía que no podía pasar mucho tiempo allí. Eran las 3:13 de la tarde. Me había costado 6 horas y 38 minutos subir. Si pasaba demasiado tiempo allí arriba, iba a terminar en la oscuridad. Sabía que solo la mitad de la escalada estaba hecha “.

Al escalar por las rocas, Reynolds fue dejando marcas de tizas en las rocas, para poder identificarlas en el descenso, muy complejo para el escalador, que casi no tenía vista hacia abajo y debe ir encontrando las pequeñas marcas que dejó.

Jim Reynolds on the summit of Aguja Poincenoit with Fitz Roy looking on. El Chalten, Argentine Patagonia, January 2019

Garibotti cuenta que para Reynolds subir así fue una manera de mostrar una suerte de Fair Play en el andinismo, subir y bajar la montaña por sus propios medios. Aunque aclara un aspecto que lo preocupa como escalador, “la parte lamentable es que hoy en nuestro deporte, se está volviendo a utilizar el riesgo como una vara. Y se torna en un deporte de gladiadores”.